Como pocos, éste es un tiempo de política y de políticos

Como pocos, éste es un tiempo de política y de políticos

Winston Churchill mantuvo la cohesión de Inglaterra durante la guerra. Marcelo Tinelli, con tanta ínfula de dirigente, “se fumó” una disposición sanitaria.

Unas
lo han hecho de manera directa (Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas) y otras por
elevación (Estela de Carlotto). Lo cierto es que las líderes de
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo le han generado diversos problemas políticos
al presidente Alberto Fernández al querer marcarle cómo debe ser “el
relato” que éste debe seguir.

Bonafini, la más frontal, le exigió al mandatario en su primer mes de gobierno que definiera con claridad “de qué lado estaba” con respecto a la campaña del kirchnerismo que buscaba sacar de prisión a los supuestos “presos políticos”, como Boudou o Ricardo Jaime entre muchos otros, es decir gente procesada o condenada por hechos de corrupción.

A
los pocos días Nora Cortiñas acusó a
Alberto Fernández de pretender desconocer el drama de los desaparecidos en
la última dictadura. En realidad el titular del Ejecutivo, al que Cortiñas
tildó de “negacionista”, había sugerido actualizar la visión negativa que
algunos grupos siguen teniendo aún sobre las fuerzas armadas, que desde hace años están totalmente
integradas al esquema constitucional.

Lo
de Carlotto fue distinto. Fue sinuoso. En un momento en que oficialismo y
oposición están empeñados en que la chicana política no enturbie la lucha
principal que tiene el país con el coronavirus, la referente de Abuelas dio gracias a que esta pandemia hubiese
ocurrido en tiempos en que gobierna el peronismo, porque -advirtió- si esto hubiera ocurrido en la gestión de
Mauricio Macri “no sé cuántos moriríamos”.

Para
no ser menos, Bonafini ha asegurado que
sólo dos países, Cuba y China, de signo izquierdista, son los que vienen
teniendo éxito en la lucha contra el virus. Corea del Sur, Singapur y Japón,
por ejemplo, no figuran en ese listado.

Con
todas estas dirigentas el Presidente ha sido componedor y respetuoso. Conoce muy bien el paño y sabe que las
tres referentes tienen resguardo político donde guarecerse.

El relojero

No
es éste el momento para abrir frentes de conflicto, máxime cuando la figura presidencial ha adquirido un
protagonismo impensado hasta hace un mes. Fernández ha tomado el gigantesco
problema sanitario en sus manos, trabajándolo minuciosamente a diario, como si
fuera un relojero armando una pieza de precisión.

No decimos que todo le ha salido
estupendo.
Decimos, sí, que lo vemos comprometido y ocupado para que la política ofrezca
una respuesta efectiva y duradera a la pandemia. 

Y
salvo por gente de su entorno, como el
funcionario Marcelo Tinelli, el Presidente ha logrado el apoyo mayoritario
de los ciudadanos.

El líder del “Bailando”, quien integra ad honorem el Consejo Federal Contra el Hambre y en cuyas reuniones siempre aparece sentado al lado o muy cerca del Presidente, se ha pasado por la entrepierna el decreto presidencial de autorresguardarse con su familia en su residencia habitual (no en las casas que puedan tener en Miami, Punta del Este o Esquel), con lo cual Tinelli ha quedado en una posición endeble que quizás le cueste su participación en el citado Consejo.

Ningún
milagro

No
es que la gente se haya vuelto albertista por milagro. No es albertismo lo que agrupa a una mayoría de la población. Es
civismo ante una pandemia.

A
ver si me explico mejor: si el presidente fuera un loco como Maduro, sería,
claro, más difícil seguirlo. Pero no
estamos hablando de un chiflado. Estamos hablando de un presidente
argentino elegido por una mayoría, el que más allá de que nos guste o no, de
que apoyemos o no su sociedad con el kirchnerismo, viene haciendo esfuerzos paras asentarse en la templanza y no en la
temeridad.

Ya
vendrán los tiempos en que tenga que demostrar cómo vamos a terminar de
negociar con nuestros acreedores, o cómo vamos a poner en marcha un plan
económico en un mundo donde el virus
está pulverizando no sólo órganos humanos sino los entramados que sostenían
la economía mundial.

“Este
no es el tiempo de los políticos”, titulaba agriamente hace unos días un
columnista del diario El País, de Madrid, y ponía en ese lugar de absoluta
necesidad a los médicos y enfermeros españoles. Plantear las cosas así es una injusticia valorativa.

Como
pocas veces, estos son los tiempos de
los políticos y de la política. Sin política, los médicos no podrían hacer
ciencia. Y sin un Churchill, ¿quién sostendría la valentía y el temple?