¿Qué traje me pongo? ¿Jefe de Estado o líder partidario?

¿Qué traje me pongo? ¿Jefe de Estado o líder partidario?

A Alberto Fernández solía augurársele una presidencia muy condicionada por su sociedad partdiaria. El virus ha atacado esos pronósticos.

Todo
ha quedado viejo y pareciera que fue dicho hace años. Hace escasos meses la
candidata del peronismo a la gobernación nos pedía el voto prometiendo que ella iba “a prender la economía” de Mendoza.
Ahora nos encontramos con que la pandemia nos regala títulos en los diarios que
dicen, por ejemplo, que “España ordena
la hibernación de la economía para evitar el colapso sanitario”. Prende y
apaga.

Alberto
Fernández, que buscaba encontrar en los
carriles políticos habituales su espacio como presidente para poder
diferenciarse del influjo de Cristina Kirchner, parece en cambio haber
hecho un curso intensivo de jefe de Estado al ponerse de manera excluyente al
frente de la lucha contra el virus en la Argentina.

El
país que votó a Fernández en octubre ha debido cambiar de libreto a los
cachetazos. El mundo, no la región, no Occidente, sino el mundo entero, ha sido removido como en un terremoto desde que a
fines de diciembre en una ciudad multitudinaria de la China llamada Wuhan, pero de la que muy pocos
habíamos oído hablar, un nuevo virus desencadenó un desastre que ha modificado de cuajo nuestras vidas. Un
aleteo de mariposa en la China genera vientos al otro lado del mundo.

Tras
algunos cabildeos y dudas iniciales, el
mandatario ha sabido subirse a  la ola.
Casi no ha vuelto a hablar del asunto que le quitaba el sueño hasta principios
de marzo, es decir la negociación para pagar la deuda a los bonistas y el FMI  (planteada en otros términos, con quitas). Esa
situación ya tenía trabada la economía
argentina cuando el coronavirus aún no llegaba.

Ahora
es como si hubiéramos pasado de una foto carnet que ya era muy problemática a una
gigantografía ídem.

Política
y ciencia: nueva pareja

Con
una peste a la que aún la ciencia y la política deben domar de manera conjunta,
y con la economía “hibernada” como la han definido los ibéricos, la pregunta es
una sola: ¿Se puede negociar la deuda en este contexto?

El Presidente intentó explicar el domingo 29/3 a la noche (cuando anunció otras dos semanas de cuarentena) que si bien la prioridad sigue siendo la salud de los argentinos, su Gobierno no dejará de reafirmar las redes de contención para evitar tanto  los despidos como los cierres de negocios o la caída de lo que queda del aparato productivo. Y a algunos industriales los toreó al decirles que “no es que van a perder plata, van a ganar menos”.

Si, como es sabido, la Guerra es “la continuidad de la política por otros medios”, el ataque que se libra contra  la peste también debe incluir una batería de medidas económicas y políticas. Las están pidiendo los gobernadores, los intendentes, los industriales, las pymes y la oposición, todos ellos sin cuestionar, por ahora, al Fernández que lidera la batalla sanitaria. El “títere” que muchos temían parece haber cortado algunos hilos, ¿Es transitorio?

Ojo
al piojo

Los
politólogos (palabra agrandada si las hay) ya analizan con lupa los gestos y
palabras del mandatario. Algunos le han pedido que sea cauto y medido en la
autocelebración de lo realizado con la cuarentena.

Otros
le sugieren (ya que el devenir histórico lo ha puesto ante tan fiero desafío) que
siga con el traje de jefe de Estado y que no se deje tentar por la politiquería
tradicional.

Mario Riorda, que ya asesoró a políticos en Mendoza, le aconsejó no excederse con la emotividad y “arroparse en la cautela y la prudencia”. No es mala idea.